Mostrando entradas con la etiqueta echo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta echo. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de septiembre de 2020

REVIEW DE 7X14 ("A SORT OF HOMECOMING", THE 100): UNA AGRIDULCE GOTA DE NOSTALGIA

Tras haber puesto rumbo al portal sin apenas echar la vista atrás para ver por última vez el cuerpo sin vida de Bellamy, Clarke aparece en un lugar que le resulta ligeramente familiar: el búnker de Pólis. Han regresado a la Tierra, y "A Sort of Homecoming", "Una especie de regreso a casa" es el nombre que por título lleva este episodio 14, dirigido por Jessica Harmon, la hermana de Richard Harmon (Murphy), que es quien interpreta a Nyilah. 

"A Sort of Homecoming" surge como una agridulce gota de nostalgia, una última oportunidad para que nuestros héroes hagan las paces con los aterradores fantasmas de su pasado. Pero no todos podrán deleitarse admirando la belleza de la reverdecida y salvaje capital de los terrestres. Bellamy Blake ya no está en este mundo, y de eso enseguida se cercioran Octavia, Miller y compañía, poco después de su reencuentro con Gaia, que les explica que, al cerrarse el puente, éste te reenvía al planeta al que pertenece tu ADN por defecto. 

Clarke, para sorpresa de muchos seguidores, no oculta ni el qué ni el quién de la catástrofe: tuvo que decidir entre Bellamy o Madi, y Echo y Octavia, lejos de reprocharla como habitualmente, la abrazan, una reacción que parece imposible de concebir en dos personajes tan belicosos como ellas dos. Sin embargo, aquí los guionistas echan mano de la "conveniencia" para poder dar paso a una rápida conclusión de las tramas de los protagonistas, un comodín del que no tienen ya reparo en abusar. Y es que, si bien lo lógico es que Octavia y Echo se hubieran enfadado con Clarke por lo de Bellamy, y esto hubiera abierto una nueva brecha en su amistad, complicando aún más la temporada final, ya no hay más episodios para detenerse en venganzas. Es momento de reunirse, recordar y reflexionar. "A Sort of Homecoming" cumple la misma función que en Game of Thrones el capítulo anterior a la batalla contra el ejército de caminantes blancos. Y todos lo saben. Todos allí abajo son conscientes de que esto no ha terminado, porque los Discípulos poseen el libro de bocetos de Madi, por lo que, tarde o temprano, vendrán a por ella. Esta situación de frustración e impotencia exaspera a Clarke, y es lo único que explica por qué rompe el casco con el que podrían encontrar la Piedra que les permita regresar a Sanctum, ya que su actitud está fuera de contexto. Clarke ha pasado de ser una líder que decide  con mano a firme a convertirse en un personaje dubitativo y errático, que por momentos parece erigirse en la verdadera antagonista de la serie. Es como si, de alguna forma, en algunos puntos, los guionistas hubieran perdido los papeles: primero Clarke les insta duramente a permanecer allí, ya que es su hogar ancestral porque, en el fondo, son todos los que están y están todos los que son, para poco después, cuando su discusión con Madi le aclara las cosas, cambiar de idea incitándoles a regresar a por refuerzos antes de que se presenten los Discípulos. 

Las actitudes de Murphy y Madi concuerdan mucho más con las circunstancias. Murphy, como dirigente de Sanctum, junto con Emori, no puede quedarse de brazos cruzados mientras su gente, su pueblo, corre peligro en un planeta hostil sabiendo, como sabe, que ahora la Tierra es nuevamente habitable. Madi, por su parte, rechaza la excesiva sobreprotección de Clarke ya que, contrariamente a ciertas opiniones que consideran que actúa de un modo demasiado infantil, ella responde del mismo modo en que lo haría cualquier adolescente. No es una adulta, pero tampoco una niña, y desea emprender su camino a la madurez aprendiendo a tomar sus propias decisiones, algo que incomoda a Clarke, puesto que, como madre adoptiva, se ve reflejada en ella, en su rebeldía, sintiendo la necesidad de intervenir para que no le ocurra ningún mal. 

En este episodio, el regreso a casa supone para Clarke y sus amigos un punto de inflexión, una mirada de madurez a los errores que cometieron cuando no eran más que un puñado de adolescentes rebeldes. Discutir con Madi es como luchar contra su derecho natural a la libertad de decidir, un sentimiento que los cien abrazaron cuando, nada más aterrizar en aquellos remotos y radiactivos lares, clamaron al unísono de Bellamy y Murphy que se desprenderían de sus antiguas pulseras inteligentes.

Aquí y ahora es donde nuestros personajes demuestran cómo han crecido y han cambiado respecto a temporadas pasadas. El vívido reflejo de esa evolución es Octavia, quien se muestra reticente a asomarse de nuevo al pozo que ella misma transformó en un anfiteatro romano, desde donde se proclamó Blodreina y supervisaba las luchas entre los desertores de su imperio subterráneo. Es gracias al apoyo de Indra que finalmente vuelve a abrocharse sus viejas prendas y supera ese viejo trauma. Ella no fue la única responsable de lo que allí aconteció. Su mentora Indra también respaldó todas sus decisiones y se instituyó en su brazo derecho junto con Cooper,  de ahí que comparta su culpa. Esa conversación entre ambas era más que necesaria, porque a pesar de que se vieron hace unos días, para Octavia han transcurrido diez años, una década que comparativamente la ha convertido en la mayor de los hermanos Blake. La muerte de Bellamy  por parte de Clarke es tan inexcusable como inexplicable dicho giro de guión, pero sí es útil -léase "conveniente"-para la trama, ya que Bellamy existía debido a Octavia, y ella gracias a él, pero una vez que ésta ha comprendido todo lo que hizo por ella -incomprensión que estaba siempre en el origen de sus disputas-, su hermano mayor pierde el rol que se le había adjudicado en las primeras temporadas. Octavia ya no necesita un hermano mayor que vele por ella y al menos eso, desde el punto de vista narrativo, sí que justificaría su pérdida. 

La segunda mitad del episodio desemboca gradualmente en la acción tras la irrupción de incógnito de Sheidheda, que recorre invisible los pasillos del búnker para dar con Madi, a cambio de que Cadogan y los suyos se abstengan de intervenir Sanctum. Indra y Gaia tratan de detenerle sin éxito, y The 100 se cobra otra nueva vida, la de Gabriel, que cae intentando proteger a la niña. Si bien cualquiera pensaría que The 100 se ha propuesto asesinar a todos los personajes masculinos del casting, el recorrido de Gabriel está completo. Tras haber ayudado a derrocar a la aristocracia Prime de la que él una vez formó parte, haber resuelto parcialmente el misterio de la Anomalía y haberse adentrado en Bardo para ayudar a Octavia, Diyoza, Echo y Hope, lo que más anhelaba el anciano investigador centenario era la muerte, una muerte que le ha llegado de manera repentina, sin previo aviso, pero que se ha producido en el momento oportuno, cuando había hecho las paces consigo mismo y con  sus recuerdos de Josephine. Una muerte digna que, además, tiene lugar mientras está rodeado de sus nuevos amigos, un privilegio que muy raras veces concede Los 100

La caída de Gabriel provoca que Madi se arme de determinación, siguiendo el ejemplo de Clarke en otras ocasiones, pero ni siquiera a Cadogan le basta con eso, pues está decidido a acabar con sus vidas en detrimento de su filosofía pan-salvacionista, hecho que devuelve a Los 100 a la dicotomía blanco-negro/buenos-malos y que desgraciadamente hace que Bellamy quede como un verdadero traidor al haber elegido al bando enemigo. Y es que Cadogan pierde credibilidad como villano supremo de esta última temporada cuando "transciende" del gris al negro ("out of the blue, into the black") traicionando los principios de los que alardea, una bajeza moral que sólo hay que situar un poco por encima de las ansias de poder de Sheidheda, un zorro que está a punto de ser engañado por un lince. 

A pesar de los fallos e incongruencias típicos de un guión al que le corre prisa concluir, hay que decir que "A Sort of Homecoming" es un capítulo emotivo que ya se venía echando en falta. Los personajes tenían que reunirse para anticiparse a la batalla final y lo han hecho de la mejor forma posible. No se ha tratado sólo de un reencuentro entre amigos, sino de un vis á vis con el pasado pero  con la mirada clavada en el horizonte. El objetivo es luchar por su futuro, el futuro que ellos quieren, algo que va más allá de cualquier creencia en la trascendencia, en falsos dioses y en falsos profetas.   


***

Philosophic Dragon 


 

viernes, 21 de agosto de 2020

REVIEW DE 7X12 (THE 100): "THE STRANGER"


"The Stranger" ha sido un episodio interesante, pero que prometía más de lo que nos ha dado. Podría haber sido una excelente introducción al desenlace, pero de eso hemos visto más bien poco. Las tramas, que tan sólidas se antojaban al comienzo de esta temporada, empiezan a caer por su propio peso, o por su fragilidad -¡quién sabe!- y la peor noticia, que ha caído como un jarro de agua fría, es que habrá un nuevo parón de dos semanas hasta el estreno de "Blood Giant", previsto el 9 de septiembre. Si la séptima entrega empieza a ser desesperante no es sólo por el alargamiento de la emisión, sino también porque a medida que se suceden los capítulos, cada vez se reducen más las expectativas de los televidentes al comprobar que sigue haciéndose de rogar la convergencia entre Sanctum y Bardo y que muchos de los protagonistas no están interviniendo en absoluto para resolver los problemas que se les presentan. Todo se resume en un continuo statu quo únicamente interrumpido  por pequeños giros y sorpresas justo en los instantes previos al cierre de créditos. Pero si algo molesta, o mejor, decepciona, es la actitud que muestran algunos personajes, muy motivados al principio y ahora completamente faltos de agallas para enfrentarse a situaciones que no son para nada novedosas en el universo de Los 100, circunstancias que ya han vivido y para las que ya deberían estar de sobra preparados. Eso, por no mencionar la muerte absurda de algunos de los que en episodios anteriores parecía que iban a dar verdadera "guerra", personajes secundarios que parecían haber reclamado para sí las storylines de los más carismáticos, como Nelson Sachin, el abanderado de los Hijos de Gabriel. 


Da gusto ver el nuevo look de Sheidheda, porque cualquiera diría que le hace más mítico y aterrador al Comandante Oscuro ese corte de pelo punk y ese parche en el ojo, cual pirata, que los lustrosos brillos y transparencias de las prendas que solía vestir cuando era Russell Prime. El dios transformado en demonio que, para más asustar todavía, disfruta ahora de un trono de calaveras, muy apropiado para una ciudad que de santa ha perdido todo menos el nombre, y a la que habría que rebautizar con el apelativo de "Infernum", teniendo en cuenta la bomba de relojería que cobija en su seno. 

Pero no basta con ser malo, también hay que parecerlo, y los villanos más perversos son también los más inteligentes, no sólo los que arrebatan vidas por el placer de salpicarse con sangre, y Sheidheda, que tanto presume de estrategia en el ajedrez, ni siquiera se plantea matar a sus principales adversarios cuando los tiene delante. No es que hubiese preferido que Murphy y Emori hubieran caído como moscas de un disparo en la frente, sino que al menos su decisión hubiera significado una rebelión, una lucha, un cambio de opinión incluso para los Hijos de Gabriel, cuya muerte es la más absurda. Sheidheda los libera cuando su postura es clara ante el resto de los allí presentes: arrodillarse o morir. Y lo más lamentable es que, tras dejarlos ir, ordena buscarlos, apresarlos y ejecutarlos por constituir una amenaza, mientras ellos, Murphy y Emori, se esconden en el taller y se dedican a sus juegos íntimos como si allí no hubiera pasado nada. 


La actitud de Emori es irrisoria e incoherente. De repente la reina ha dejado de gobernar y lo único que hace es apoyar sarcásticamente a su rey, que ha pasado de rebelde a dirigente sin que sepamos en qué loca academia se ha graduado... Indra también es un aliado, aunque no muy poderoso, y por tanto un escollo en los planes de Sheidheda, de modo que no se comprende por qué aún la mantiene con vida, a sabiendas de que en cualquier momento buscará venganza. En este punto coincido con muchos en que lo apropiado habría sido dar a Indra una muerte digna en "A Little Sacrifice", luchando por Madi y muriendo, espada en mano, como la soldado que es. 

En lo que respecta a Bardo, hay que decir que sobran conversaciones. La escena de Madi recluida con sus amigos en la sala del reactor es tan prescindible como la insípida dinámica entre dos personajes que no se conocen entre sí, como son Hope y Jordan. Los guionistas parecen pretender tender un puente entre ellos, un puente sin cimientos. Tienen cosas en común, sí, pero si Hope ya desconfiaba de los Discípulos incluso cuando pactó con ellos el intercambio de Diyoza por Octavia, no va a fiarse más de un desconocido con el que no ha compartido más que unas escasas horas en esa celda. 


Los personajes más destacados, esto es, Clarke, Octavia, Bellamy y Echo, son los que carecen de énfasis. Uno habría esperado algo más de Clarke y Octavia, porque obviamente la primera no ve a la segunda desde hace mucho, y desde luego se nota a la legua que Octavia ya no es Blodreina. Ese encuentro entre los tres, que dura breves momentos, es emotivo, pero no lo suficiente, lo mismo que la tortura de Clarke en M-Cap. No sabemos qué han averiguado exactamente y los planes de Cadogan son tan vacilantes como la fe de Bellamy en salvarlos a todos. El objetivo es recuperar la Llama, que debería estar enterrada en Sanctum, y trasladarla a Bardo para ser reparada, con Raven como rehén  y garantía de éxito por parte de Clarke, que finalmente tiene una misión por delante, lo cual es mucho más de lo que podemos decir de Octavia, un personaje caracterizado por su inconformismo y su espíritu de iniciativa y que, desde hace ya varios capítulos, se ha quedado en punto muerto. Después, ella y sus compañeros son enviados a saber a qué planeta (¿Penitencia tal vez?), apareciendo de repente Clarke en la sala del trono de Sheidheda, una secuencia totalmente desconcertante  porque, en menos que canta un gallo, los secuaces de Sheidheda traen la Piedra del campamento de Gabriel como si su tienda de campaña estuviera a medio kilómetro cuando a Gabriel, Octavia y Diyoza les llevó días llegar hasta allí en la temporada 6. Para más colmo, la Piedra funciona, cuando debería estar inactiva, ya que fue desactivada por el Discípulo que se llevó a Gaia, a la que, por cierto, ya ni se la espera. 

En resumida cuentas, da la impresión de que los guionistas se han dejado llevar más por la conveniencia que por la propia lógica del guión, una lógica que, hoy por hoy, dificulta la tarea de cerrar todas las tramas en apenas cuatro episodios. No quiero decir con esto que el episodio desmerezca en todos los aspectos. Ha habido escenas conmovedoras, pero se echa en falta más acción, un plan por parte de Octavia, Jordan o Raven, entre otros, para acabar con el ambicioso y utópico sueño de Bill Cadogan. 



***
Philosophic Dragon


TODO LO QUE SABEMOS SOBRE EL FINAL DE THE 100: LO QUE DICEN SUS PROTAGONISTAS


Los 100 está llegando a su fin. La serie encara ya la recta final, en la que convergirán las tramas de Sanctum y de Bardo. No sabemos en qué momento ocurrirá esto, pero todo indica que podría suceder pronto, teniendo en cuenta que los Discípulos han descubierto, gracias a su nuevo recluta, que Clarke ya no posee la Llama, lo que probablemente sitúe a Madi o a Sheidheda en el punto de mira. Pero el desenlace continúa siendo un misterio, sobre todo ahora que sabemos que el último episodio se titulará "La Última Guerra" y que en el texto de los bardonianos no se menciona ningún conflicto bélico sino, en todo caso, una prueba que deberá afrontar un representante en nombre de toda la raza humana. En el imaginario colectivo circulan ideas y rumores sobre cómo podría ser ese ansiado final, y es probable que entre ellos se encuentren el retorno a la Tierra, una guerra contra los Discípulos o contra Sheidheda, e incluso una simulación virtual pero, si hay algo que preocupa de verdad a los fans, es si ese soñado desenlace será satisfactorio, si nuestros protagonistas culminarán su aventura como merecen, o si será tan épico y estará a la altura del conjunto de la serie. 

Cuando se le interrogaba al término de la temporada 6 al productor Jason Rothenberg sobre la última entrega y el final de la serie, éste se mantuvo firme en la idea de que "sería su propia versión de un final feliz", además de añadir en declaraciones recientementes que "el final cambiará la perspectiva desde la que los espectadores ven la serie, porque el final de la historia es la moral de la historia". Sin embargo, también los guionistas se marcaron determinados propósitos para el desarrollo de los dieciséis episodios restantes que, finalmente, no se cumplieron, debido a ciertos imprevistos, como la petición de Bob Morley (Bellamy) de tomarse un descanso, cuando se suponía que su personaje iba a ser el motor de la temporada al estar dispuesto a remover cielo y tierra para encontrar a su desaparecida hermana. Así las cosas, el final también podría no ser el inicialmente programado, al menos, visualmente, porque el significado del mensaje no va a cambiar, aunque tengamos que esperar todavía para averiguarlo, dado que es posible que se produzca un nuevo parón en la emisión de EEUU después del 2 de septiembre, emitiéndose el último capítulo en torno al 23 del mismo mes. Será entonces cuando nos tengamos que despedir definitivamente de los personajes interpretados por Eliza Taylor, Marie Avgeropoulos  y Richard Harmon, entre otros del casting, una despedida que también es dura para ellos, quienes llevan dando vida a estos delincuentes desde hace casi una década y para los que 2020 ha supuesto un paréntesis profesional debido a la crisis sanitaria. Por esta razón, porque ellos mismos son quienes más y mejor conocen a sus personajes, son también los que mejor pueden aproximarnos un poco hacia esa deriva final de Los 100, eso sí, sin spóilers directos.  


Marie Avgeropoulos, la actriz que encarna a Octavia Blake desde los inicios de la serie, confiesa que ha crecido con su personaje, que ha aprendido mucho de él y que se ha convertido, durante la cuarentena, en una experta jardinera, igual que su alter ego en 7x02 ("The Garden"). Preguntada por el final de Octavia, la intérprete greco-canadiense asegura que "Octavia tendrá el final que se merece", un final que ella considera muy satisfactorio, porque las últimas palabras de la guerrera sugieren realización individual, enriquecimiento personal y elevación espiritual, conceptos que se suman  a un sentimiento que Octavia "no había experimentado en mucho tiempo". Poco después, en entrevistas posteriores, agregó, dirigiéndose a los fans, que "todos quieren un final feliz para cualquiera de sus personajes... así que, sed valientes y sonreír un poco"

De las palabras de Avgeropoulos se deduce que el final de Octavia será épico y memorable, y que probablemente ese sentimiento tan ausente es el amor que le arrebataron el día de la ejecución de Lincoln. Así pues, no sería de extrañar que Octavia y Levitt acaben juntos, aunque tampoco lo sería el estar de nuevo reunida con sus amigos y su familia, especialmente con Bellamy, Clarke y Hope, las personas más cercanas a ella. Eso, si es que Bellamy Blake reniega de su fe en el Pastor, algo que no parece que vaya a ocurrir tan pronto. 


De hecho, es difícil pensar que todo vaya a acabar felizmente en Los 100, así que es de esperar que no todos los personajes concluyan sus arcos narrativos comiendo perdices. Así parece confirmarlo Lindsey Morgan, alias Raven Reyes, quien sostiene que el final "no es en absoluto lo que me imaginaba. ¡Puedo decir que nunca habría adivinado el final! Lo que imaginaba, lo que una parte de mí esperaba, es de hecho que los 100 terminaran encontrando la felicidad, la paz, que formaran una verdadera familia... ¡que simplemente pudieran descansar!", de lo que se concluye que no habrá tregua, ni siquiera cuando parezca que hayan dado con el interruptor mágico de la solución. 

Al respecto de su personaje Morgan prefiere no pronunciarse demasiado. Dice que "Raven ha salido de la serie de la única manera que podía hacerlo" lo que, unido al hecho de que su finalidad era apoyar a sus compañeros y no simplemente mantenerse al margen, algo que ya no le es viable al haberse manchado las manos de sangre al principio de la temporada, parece sugerir un desenlace oscuro, tal vez la propia muerte de la ingeniera. Pero, incluso si eso es lo que le depara el destino a Raven, de lo que podemos estar seguros es de que su muerte no sería en vano, ya que, en prácticamente todas las ocasiones en que los demás la han necesitado, su intervención ha sido crucial y necesaria para la supervivencia del grupo y para el desarrollo de la serie.


John Murphy también ha dejado huella en el actor Richard Harmon, para quien éste ha sido "toda su vida", o si no toda, al menos gran parte de ella, ya que al principio los guionistas no tenían tan claro que la "cucaracha" fuera a durar más vidas que un gato. Pero ahí lo tenemos: Murphy ha dejado de ser ese rebelde egocéntrico y conflictivo para pasar a convertirse en un líder preocupado por la seguridad de aquellos que creen en él, dispuesto incluso a sacrificarse, y ello no precisamente en aras de una supuesta divinidad otorgada por el privilegio de haberse convertido en un "sangre nocturna". A Richard Harmon le apena "dejarlo marchar" pero es consciente de que habrá  otras oportunidades esperándole a la vuelta de la esquina, además de otros dos meses de emisión de la serie para asimilar el cambio de página. 

En una entrevista con The Permanent Rain Press, cuando se le preguntó por cuál sería el merecido final para el grupo de supervivientes, reflexionó "¿que qué estaría bien? ¿qué haría que tuvieran sentido esa felicidad y esa paz que tanto merecemos? No lo sé, es una gran pregunta. Creo que algunos la encontrarán, ya sabes, otros ciertamente no hallarán esa paz, y algunos puede que estén decididos a buscarla. Así es nuestra serie de TV (...) va a ser duro, eso seguro"

Harmon evitó conceder spóilers sobre el destino de Murphy pero, si algo sabemos por anteriores declaraciones en prensa del año pasado, es que él tenía esperanzas de que John aprendiese el valor del sacrificio personal y del altruismo en la temporada 7, un deseo que sí parece estar cumpliéndose para el actor ya que, al igual que muchos de sus compañeros, está contento con el final de John Murphy, del que no ha adelantado detalles. Tan sólo ha dicho que "ha obtenido lo que quería", y ¿qué final es el que le habría gustado en particular para poner punto y final a su personaje? Hace un año, Harmon lo tenía muy claro: la muerte. Que Murphy escarmentara sacrificándose por los suyos. Y si bien no podemos afirmar con rotundidad que ésa vaya a ser la parada definitiva del tren de Murphy, sí que es suficiente indicio de lo que nos podemos encontrar en "The Last War" (7x16), porque en toda guerra hay sacrificios y la esperanza es lo último que se pierde.


Tasya Teles, a la que conocemos todos por su papel de Echo, la belicosa espía de la Nación de Hielo, comparte la opinión de sus compañeros de elenco. Al igual que Richard Harmon,  cree que lo mejor que le podría pasar a Echo es morir en el campo de batalla, y que ése sería su final ideal de haber podido elegirlo ella, aunque Jason Rothenberg había barajado diferentes alternativas: "Hay un poco de eso, Jason nos proponía el año pasado uno cuando fuimos al meeting (...) y yo estaba en plan <<éste es el final que yo quiero, me gustan mucho, mucho, mucho esta historia y esta idea>> por un montón de razones, como que era imposible que eso pasara; pero creo que hay muchas cosas que tendrían sentido para ella: morir en batalla protegiendo  a los que más quiere (...), me encantaría que tuviera un final feliz, ya sabes, y que ella pueda volver atrás a su jardín, que pueda cultivar y hablar con sus plantas... pero es Los 100, así que creo que morir en combate sería lo adecuado, y me encantaría verla tener un final feliz, pero no, ya sabes qué oportunidades hay de eso". 

Y por si el futuro de Echo no fuera ya lo bastante incierto, más si cabe lo es la reacción que suscitará el final en los fans. Sobre esto, Tasya piensa que habrá, como de costumbre, diversidad de opiniones, aunque no lo dice demasiado convencida: "Yo... pienso que sí (risas). Yo espero que lo estén (contentos). Definitivamente no es el final que pensaba que iba a pasar... pero creo que es uno muy interesante y creo que estarán contentos. Por supuesto, va a haber gente decepcionada, porque no puedes contentar a todo el mundo, pero sí, yo creo que van a estar contentos". 

CONCLUSIÓN: UN FINAL AGRIDULCE

En las palabras de Marie, Tasya, Richard y Lindsey brillan atisbos de satisfacción personal y profesional, de culminación de una etapa, pero también de cierta amargura, bien sea porque el final de sus personajes no es el que algunos de ellos esperaban o porque lo más seguro es que la recepción del último episodio sea tan ambigua como le ocurrió a la aclamada Game of Thrones hace poco más de un año. Y es que no se puede negar que GoT sentó un precedente: la que estaba considerada como una de las mejores series de televisión de la década, amén de premios y nominaciones, resultó ser al mismo tiempo la más criticada por su desenlace y, con razón, los fans temen que la situación vuelva a repetirse con el inminente final del drama post-apocalíptico. Las opiniones de Tasya Teles o de Lindsey Morgan invitan tanto a la expectación como al desánimo, ya que se trata, a priori, de un final inimaginable, en el que difícilmente veremos la tan ansiada unión entre Clarke y Bellamy. 

Las diferentes consideraciones de los actores conducen a pensar más bien en un final agridulce, del que ya tenemos, por cierto, paradigma. ¿Y qué entendemos por agridulce? No hay más remedio que echar la vista atrás y retrotraerse a GoT: casi nadie esperaba que Bran se sentara en el ya inexistente Trono de Hierro, que Daenerys fuera asesinada por John Nieve, alias Aegon Targaryen, y que éste terminara sus días como líder de los salvajes, en un eterno viaje a ninguna parte, o que Sansa se convirtiera en la soberana suprema de Invernalia como reino independiente. En Los 100 una gran parte del público espera que al menos los cinco protagonistas principales, Clarke, Bellamy, Octavia, Raven y Murphy acaben su aventura con tan buen pie como la emprendieron, algo que no parece que se vaya a lograr. En el caso de Bellamy, ya no hay vuelta atrás: el daño de su traición es ya irreparable para quienes le rodean. Siempre se ha dudado de que Clarke Griffin pudiese llegar a morir pero, dado el caso, incluso eso es también posible, y más plausible si tenemos en cuenta que Echo no morirá luchando por proteger a los suyos, como a Tasya Teles le hubiese gustado. Tal vez el mejor final, o por lo menos el más idílico, sea el que vaya a tener Octavia, lo cual tendría mucho sentido, ya que en un desenlace agridulce siempre vamos a encontrarnos algunos personajes realizados, generalmente muy pocos, en contraposición a otros varios con arcos narrativos mucho menos desarrollados e impactantes. 

En fin, sólo el tiempo nos dirá cómo finalizará esta odisea pero, si de algo podemos estar seguros, es de que probablemente se situará en un punto intermedio entre lo que quieren transmitir sus creadores y las exigencias de sus seguidores, y de que la serie será recordada más por virtudes tales como la solidez de sus personajes, la verosimilitud de su historia o sus intrínsecos mensajes políticos, que por su propio final. 

REFERENCIAS:

https://younghollywood.com/videos/tvfilm/up-close/the-100s-marie-avgeropoulos-on-saying-goodbye-to-octavia-blake.html#start-0

https://www.fandomize.com/featured/marie-avgeropoulos-octavia-season-7/

https://www.youtube.com/watch?time_continue=845&v=2LvdnDokKM4&feature=emb_logo

https://www.youtube.com/watch?v=piz5LLviUko&feature=emb_logo

https://actus.sfr.fr/cine-series/series/the-100-lindsey-morgan-raven-n-aurait-jamais-devine-la-fin-202008040004.html

https://www.comic-con.org/cciathome/2020/video/x4X505oQZpE

https://www.youtube.com/watch?v=tHgcAGZhjdI&feature=emb_logo



***
Philosophic Dragon


viernes, 14 de agosto de 2020

REVIEW DE 7X11 (THE 100): "ETHEREA" O EL VIAJE DE BELLAMY BLAKE


The 100 se ha propuesto la complicada tarea de reunir a sus personajes principales, como hemos podido constatar en "A Little Sacrifice", donde Clarke, Raven y sus compañeros se reencontraban con Octavia, Echo y Diyoza, de modo que no podía faltar Bellamy. Y para ello era preciso otro impasse como continuación de "Welcome to Bardo", que probablemente será la chispa detonante de los acontecimientos finales que se produzcan en la fortaleza de los Discípulos. Afortunadamente no hay flashbacks en Bardo y la secuencia de introducción al episodio no es un nuevo retroceso, si bien, al enlazar esto con lo que ocurre con el resto de personajes que ya estaban allí, da la impresión de que han pasado unas horas o unos días desde la muerte de Diyoza, un lapsus temporal que han preferido omitir y que empieza a delatar una aceleración en línea recta hacia el desenlace. 

Tras lo ocurrido, Levitt parece totalmente repuesto, como si el hecho de que Octavia se olvidase de él no hubiera significado nada, como si el impacto de la sangre y de la muerte para quien nunca la ha presenciado fuera una experiencia fácilmente deleznable. Gracias al examen de los recuerdos de uno de los soldados afectados por la explosión, se percata de que el mayor de los Blake sobrevivió al accidente. La intervención de Jason Díaz acaba ahí y eso nos hace preguntarnos qué pasará con su personaje.  Esperemos que Levitt no quede reducido a una conveniente y eventual aventura romántica para justificar que la pasión y el deseo aún arden en el corazón de Octavia, pero es difícil que a estas alturas vaya a producirse un cambio sustancial en la dirección del viento. 

"Etherea" está protagonizado casi íntegramente por Bob Morley, que sobresale en su interpretación de Bellamy Blake y es digno del apelativo de "El Renacido", que es el título -en origen "The Revenant"- de la película de 2015, con Leonardo DiCaprio al frente, que retrata a un trampero norteamericano del siglo XIX que ha sido traicionado por su grupo, filme con el que comparte múltiples similitudes. Y es que el mayor de los hermanos Blake ha ido a parar al salvaje y hostil planeta Etherea, caracterizado por sus elevadas cordilleras, que antaño fueron el hogar de una antigua civilización humanoide. Pero no está solo. Bellamy se debate entre matar a Doucette, el Discípulo que cruzó el Puente con él, por venganza, o utilizarle como peldaño auxiliar para escalar la cima de la montaña donde se encuentra la Piedra. 

El episodio deja traslucir que importa poco de qué tipo sean las motivaciones que tenga cada uno -religiosas, sociales, etc.- para alcanzar sus objetivos, siempre y cuando las usen como palanca y les ayuden a sobrevivir o a sobrellevar mejor el misterio de la existencia humana.Es una reflexión sobre la propia supervivencia, sobre el poder del individuo en soledad o como parte integral de una sociedad. Resulta curioso observar cómo el aislamiento de los hermanos Blake les obliga a meditar y a replantearse el significado de sus acciones. En el caso de Octavia, el confinamiento en Skyring le permitió superar las sombras de su pasado y encontrar de nuevo el amor familiar, al tiempo que florecía de nuevo su sentimiento de pertenencia a un lugar del mundo. Sin embargo, el viaje de Bellamy es muy distinto. Si se hubiera dejado llevar sólo por el deseo de vengar a su hermana, además de no poder deshacer el camino andado, nunca habría hallado el modo de escapar de Etherea. Al contrario que él, Doucette emplea su fe de manera más proactiva. No se trata de una cuestión de creencias, sino de supervivencia, de no rendirse, y eso está muy por encima de su hermenéutica personal. Pero esto es más que el viaje de Bellamy, es también una fábula sobre el egoísmo humano, y en ese sentido hay que decir que muchas de las lecciones predicadas por los Discípulos son legítimas. Es una sociedad con una sólida cultura orgánica, en la que no importa el individuo, sino la colectividad, la especie, una ley de convivencia tan purista como primitiva.


Pasando por alto qué criaturas ovíparas cazan y con qué pieles se visten, el punto de inflexión de la travesía terrenal y espiritual de Bellamy Blake tiene lugar cuando Doucette lo rescata y ambos se refugian en la Cueva de la Ascensión durante una ventisca. Hasta ahora, Bellamy rehúsa una y otra vez seguir los consejos de Doucette que aparecen en el Libro del Pastor, la biblia bardana de la travesía galáctica de Bill Cadogan porque, desde su perspectiva, no es más que un folleto propagandístico destinado a fomentar la creencia en su líder. Sin embargo, es posible ser ateo y leer al mismo tiempo el Nuevo Testamento, -la biblia cristiana, que ha servido, por cierto,  de inspiración a los guionistas de The 100-, ya que las creencias no están reñidas con los hechos. Los acontecimientos son algo objetivo, mientras que la interpretación, la forma de entenderlos, es subjetiva; depende de la persona, y Bellamy podría haber culminado con éxito el viaje sin necesidad de creer en nada, pero se da la circunstancia de que los continuos rezos, su paciencia, y el descubrimiento del extraño fenómeno lumínico de la caverna le instan a creer cada vez más en la causa y a olvidar sus vínculos familiares, pues gracias a ellos ha sobrevivido a las inclemencias meteorológicas de Etherea, igual que hizo Bill Cadogan. El momento en que Bellamy encuentra la foto de éste con su mujer y sus hijos Reese y Callie es trascendental; ya sabemos cómo se deshizo Cadogan de ellos en realidad para perseguir su ambicioso sueño, pero él ignora lo que ocurrió y, aparte de la polvorienta fotografía, todo lo demás se queda en simple metáfora. 

Lo que sucede a continuación, la ensoñación, el trance onírico, que es producto de las alucinaciones causadas por el hambre, el frío y la fatiga, son lo que evita que les consuma la gélida tormenta, pero es suficiente para catapultar la fe de Bellamy y encender la determinación que ambos hombres necesitan para coronar la cumbre tras pasar meses orando en la pequeña oquedad. Doucette prefiere esperar al día siguiente, pero su compañero le insiste diciendo "ten un poco de fe", una frase pronunciada por Octavia cuando se preparaban para asediar Sanctum al final de la temporada 6, algo que sin duda contrasta con la frialdad del reencuentro del trío principal al final del capítulo. Bellamy parece querer fingir una débil sonrisa y cuando Clarke lo abraza y le confiesa su plan, éste, inmóvil cual estatua, la traiciona revelando que el dispositivo ya no existe.




Se repite la misma situación que con Echo: una vez más, ignoramos cuáles son las verdaderas intenciones de uno de nuestros personajes. Podemos pensar que ha tratado de perjudicarla porque ya no se acuerda de todo lo que ha vivido junto a ella y los demás, pero también puede haber actuado así para salvarla y que no caiga presa de Bardo. Al haber finalizado el peregrinaje del Pastor, en caso de que muriese, o incluso también si Cadogan vive, Bellamy puede suponer una amenaza para su liderazgo, si es que los Discípulos no lo consideran ya su sucesor, una ventaja con la que puede jugar a su favor. Y Clarke aún posee el chip de ALIE en su cuerpo. Desde luego, así las cosas, a medida que transcurren los capítulos parece más evidente que no habrá villanos al uso, y que en realidad poca falta hacen cuando el mayor enemigo son en realidad ellos mismos. 

***
Philosophic Dragon






sábado, 8 de agosto de 2020

REVIEW DE 7X10 (THE 100): A LITTLE SACRIFICE


En A Little Sacrifice la historia de nuestros héroes vuelve a avanzar, pues la acción en The 100 se había detenido literalmente en The Queen's Gambit, con la irrupción inesperada de las Hespérides al servicio de los Discípulos... o eso creíamos, porque The Flock explicó cómo se organizó el entrenamiento de las guerreras retiradas, algo que, increíblemente, no incluyó un lavado de cerebro. Y es que las sorpresas, por pequeñas que sean, siempre afloran por doquier en The 100. A Little Sacrifice, como su propio nombre indica, ya invitaba a pensar en giros y muertes. No es oro todo lo que reluce y las imágenes previas no eran lo que parecían, porque no todo se dirime en la sala de la Piedra. Ha sido un buen capítulo por muchas razones, y una de ellas es por las pequeñas revelaciones que han salpicado el encuentro entre dos equipos que hasta ahora no se habían visto las caras en mucho tiempo, el grupo de Clarke y el de Octavia, un reencuentro más que necesario para ir uniendo tramas en vísperas del gran final y que -¡por qué no! todo hay que decirlo- se echaba ya de menos.

Una de las que no se han hecho esperar y que ha disipado inmediatamente nuestras dudas es la de la ficción de Echo. Sabíamos que tenía planes, pero no a quién le sería leal, y es ahora cuando comprendemos la importancia de ese recuerdo que meses antes le asaltaba la cabeza, aquella conversación con Bellamy sobre fortalezas y debilidades en la que él concluía que su punto débil era la lealtad, ya que en ocasiones la obligaba a actuar de modo impropio. Esa reflexión ha allanado su camino hacia la venganza, una revancha que quiere tomarse sin perjudicar a quienes están a su alrededor, a los que ella considera su familia, y hay que decir que este paso ha acortado toda una trama que podría haber requerido un episodio completo para ser relatada, ya que nuestra imaginación concebía a Echo como una traidora  y no costaba demasiado dilucidar que utilizaría la relación secreta entre Octavia y Levitt como arma para ascender entre los Discípulos y castigar a sus compañeras. Pero, por otro lado, tampoco parecía lógico que Echo se decidiese a apoyar la causa de quienes han asesinado a la persona que más amaba. De nuevo, la serie sigue demostrando su capacidad para sorprender al espectador. 

Otro giro inesperado ha sido el relativo a la "gran guerra" para la que se preparan el Pastor y su séquito. Era un acontecimiento futuro inevitable del que nadie albergaba dudas y que guardaba estrecha relación con la narración aportada por Bekah, aunque ella nunca mencionó nada de un conflicto en su visión, sino tan sólo de una especie de juicio o prueba final, que es la conclusión a la que ha llegado Jordan tras examinar los símbolos de la Piedra y percatarse de una posible mala transcripción (¿intencionada?) de los mismos. Así las cosas, quizás no sea una nueva guerra lo que les espera a la vuelta de la esquina a nuestros protagonistas. Desde luego, el antecedente más próximo de un escenario bélico lo constituye el ejército reclutado por Sheidheda en Sanctum, que reúne a la mayoría de partidarios de Sangedakru.

Y, por supuesto, no se puede obviar en esta ocasión el vigor reflexivo de los diálogos entre algunos personajes, como Cadogan y Gabriel, que rallan en lo kantiano. El uno es un anciano centenario que ha sobrevivido gracias al criosueño mientras que su interlocutor es un líder rebelde de más de doscientos años habitando un cuerpo juvenil. Estamos ante un debate entre dos sabios. El Pastor cree que merece la pena luchar para acabar con todas las pulsiones que caracterizan a la especie humana y que han sido caldo de cultivo de numerosas tragedias en el pasado, como guerras y genocidios. Desde su perspectiva, el individuo es egoísta por naturaleza y sólo persigue satisfacer sus propios deseos, sin importarle el bienestar del resto de la sociedad en la que se integra. Es ateo pero cree en la trascendencia espiritual del ser humano, que sin lugar a dudas le llevará un paso más lejos en su camino por alcanzar esa perfección cuasi divina que él niega venerar como a una deidad. Al contrario que Gabriel, que nació en el seno de una humilde familia colombiana en la época anterior al cataclismo, él pertenecía a las élites que decidían el destino de la humanidad y antepuso sus caprichosas ambiciones a su propia familia. Sin embargo, la postura de Gabriel difiere: si no hay amor ni sentimientos, tampoco habrá nada por lo que continuar luchando, pues el individuo pugna siempre por el anhelo de su propia felicidad. El ser humano es una criatura racional cuyos afectos y emociones le son inherentes y eliminarlos también supone condenar a toda la especie a una vida absurda y carente de significado.



Para Cadogan importa más el futuro que el simple aquí y ahora. Lo más gracioso de esta conversación es que él cree ser un elegido sin dios ni ninguna pretensión, lo que le convierte en un alma pater pura, pero, como seguramente Gabriel intuyó, no existe nadie en este universo que no tenga motivos personales que justifiquen sus acciones. Para Cadogan la humanidad siempre tropezará dos veces con la misma piedra y la mejor solución es apartar la piedra, mientras que para Gabriel la piedra, ese obstáculo en el camino, es la llave de la superación de los errores humanos. En resumen, la iniciativa de Cadogan es tan egoísta como el resto de las motivaciones humanas en constante colisión en The 100. Siempre hay intereses en juego, y cuanto más  y mejor conocemos Bardo más nos percatamos de que ocultan más de lo que revelan... ¿quién dice que el lenguaje de los antiguos bardanos no lo pueden haber transcrito erróneamente a propósito para justificar esa creencia en su propia guerra y librarla a toda costa? Situaciones como estas son las que más echábamos en falta en la serie, porque nos retrotraen a esos escenarios imposibles en los que los personajes se han visto obligados a resolver el dilema de anteponer las decisiones individuales a las colectivas o el bienestar colectivo frente al individual. 

La conversación entre ambas mentes se enquista en el corazón de la serie y el desenlace podría tener que ver con mucho de lo que entre ellos se discute, pero no es lo único que nos recuerda la quintaesencia de la misma. El plan de Echo para salvar a sus aliados promueve una tensa secuencia final  en la que están en juego tanto sus vidas como las de los inocentes de Bardo y que nuevamente mancha de sangre sus manos. La espía de Azgedakru se hace con el letal líquido cristalizante y se dispone a verterlo por los conductos de ventilación. La intervención de Clarke está justificada por el hecho de que, tanto ella, como Echo y Octavia, han perdido a un hermano, amigo y amante. Clarke ya cometió genocidio una vez y trata de evitar que Echo tenga que cargar con ese peso de conciencia durante el resto de su vida, pero Anders aparece repentinamente y Hope, con idénticas ansias de venganza, le degüella, provocando que se escape una minúscula gota de Gem9 que, de no acabar en la palma de la mano de Diyoza, les habría aniquilado al instante. Entonces la sustancia hace su cruel magia y toda la estancia se cristaliza, incluida la propia Diyoza, que se transforma en una perenne escultura diamantina. Una vez más, la venganza es una arma de doble filo que amenaza con clavarse hondo tanto en el alma de quien la busca como en el de quien la encuentra y Hope, al igual que Echo,  ha sido partícipe de este trágico desenlace. No se puede negar que esto conllevará una serie de consecuencias para ambas. Por lo menos, frenará en seco a Hope y le servirá de reflexión a Echo, que ya arrastra tras de sí una larga lista de cadáveres. Hasta ahora ha sido ella la que ha llevado la voz cantante, mientras que el resto de personajes se han limitado a apoyarla, pero esto podría cambiar de ahora en adelante. 



En lo que respecta a Sanctum, ya hemos mencionado que Russheda se ha hecho con un ejército. El Comandante Oscuro piensa con tres jugadas de antelación y aunque en un primer momento fue la solución a uno de los principales problemas de Emori y Murphy, que era el auge de la ira de los engañados devotos, ahora él mismo se ha convertido en otra amenaza aún más complicada de erradicar. A fin de cuentas, algunos fieles creyeron que la farsa de las "cucarachas" era verdad y lo restante una argucia para protegerles. Ahora son dos reyes sin súbditos atrapados en el sótano del reactor, con las esperanzas puestas en Madi y en Indra que,  tras un tradicional y fallido duelo a espadas, han preferido por el momento hincar la rodilla. Todo hace prever que esa estrategia les conceda tiempo para hallar el modo de detenerle. Sin embargo, sus opciones son limitadas, y tal vez, más que una planificar un asalto al palacio, lo conveniente sea pensar en cómo salir ilesos porque, seamos realistas, aunque no hayan entrado en escena ni Nikki, ni Nelson y ni los Hijos de Gabriel, siguen estando ahí, y sólo caben dos posibilidades: una es entablar una alianza con ellos contra Sheidheda, y la otra huir si deciden voluntariamente sumarse a las tropas enemigas. 



Para ir cerrando, concluyo que A Little Sacrifice ha sido un episodio a la antigua usanza, con la desventaja de que algunas tramas se podían anticipar desde hace varias semanas, especialmente lo concerniente a Sanctum, pero aún así bastante interesante de ver. Ha habido acción, diálogos éticos, algunas luchas, una muerte -la de Diyoza era en realidad la crónica de una muerte anunciada- e incluso una traición, la de Octavia a Levitt, que en el fondo ha sido conveniente puesto que le ha permitido ser cómplice y al mismo tiempo no ser descubierto por el resto de los Discípulos, lo que no impide que ella regrese a por él en otro momento.  


***
Philosophic Dragon



lunes, 20 de julio de 2020

THE 100, CRÍTICA DE LA TEMPORADA 7: ¿HA PERDIDO LA SERIE SU ESENCIA?


The 100 va a tomarse unas pequeñas vacaciones y durante las dos próximas semanas el canal estadounidense no estrenará nuevos episodios, haciéndolo coincidir más o menos con la mitad de la temporada, por lo que es buen momento para aprovechar y hacer un balance general, una crítica de esta última entrega, basándonos, por una parte, en nuestras propias valoraciones y, por otra, también en otras críticas previas, e incluso en la recepción de la séptima temporada entre el público a través de redes sociales u otros medios digitales.

La séptima temporada había elevado enormemente las expectativas de los seguidores los meses previos al estreno, pero este ambiente entusiasta y caldeado no se percibe ya ni en redes sociales ni tampoco entre las audiencias o entre los críticos profesionales que redactan semanalmente las reviews... ¿está siendo acaso el desenlace de la serie un despropósito? ¿está la séptima temporada a la altura de sus predecesoras o ha perdido su esencia? Aquí hay mucha polémica y un gran debate abierto, así como reacciones muy diversas.

DECISIONES IMPOSIBLES, SUPERVIVENCIA Y CIVILIZACIONES HOSTILES


The 100 solía considerarse hace unos años como "la serie de las decisiones imposibles", porque si algo caracterizaba a este universo de ciencia ficción distópico eran los difíciles dilemas morales a los que sus protagonistas tenían que enfrentarse sin descanso. A menudo, cada temporada ha planteado situaciones originales, con nuevos personajes, antagonistas y giros de guión que han ido moldeando a los personajes y las relaciones con su entorno. Uno de los puntos fuertes de la serie ha sido sobre todo la fuerza de los arcos narrativos individuales, la evolución y  la coherencia constructiva de sus personajes, y no tanto el componente sci-fi. 

Asimismo, las decisiones que han tenido que tomar Clarke y compañía han constituido el impulso para hacer crecer y madurar a un grupo de adolescentes que ahora ya son adultos jóvenes. Cada nuevo problema ha supuesto para ellos una oportunidad para aprender, enmendar errores o reflexionar sobre las consecuencias de sus actos, incluso para adaptarse y definir su propia identidad, originando como resultado personajes muy "grises", porque si hay algo que ellos nunca son ni han sido han sido buenos ni malos. Y esto The 100 lo ha plasmado a fuego lento, con naturalidad, a través de enemistades y relaciones de toda clase, gracias al carisma particular que destilaban dos de sus figuras líderes, Clarke y Bellamy, a los que el fandom ansía ver como pareja. 

Pero The 100 es más que eso: es un drama post-apocalíptico de supervivencia donde la principal amenaza para el ser humano es él mismo, además de su propia tecnología. Cada temporada ha estado marcada por un enfrentamiento a gran escala entre el grupo de delincuentes de EL Arca y otras culturas humanas de supervivientes del holocausto nuclear, como los terrestres, el Monte Weather o los prisioneros de la Eligius IV. Supervivencia, decisiones imposibles y  civilizaciones post-apocalípticas son las palabras clave que definen a la serie... ¿siguen vivos estos elementos en The 100 este 2020?

Si la sexta temporada tuvo como enemigo público número uno a la élite colonizadora de los mind-drives de Eligius III, la séptima ha añadido otra secta civilizada, la de Bardo, que son descendientes del grupo Segundo Amanecer, poseedores de una tecnología punta que ya existía cuando ellos llegaron a ese planeta a través del agujero de gusano. En ese sentido, la dirección retoma el camino marcado por la exitosa segunda temporada y su Monte Weather, que se ha venido considerando como la "estrella" esencial de la franquicia de The CW. Pero incluso si esa ha sido siempre la marca de la casa, The 100 ha sabido también prescindir en algunos casos de ese sello, con buenos resultados. Sin embargo, era de esperar que junto a Sanctum hubiera otras sociedades conflictivas repartidas por el universo, en parte porque los creadores han tratado de emular muchas veces el hito del Monte Weather. Lo que sucede es que, a medida que se amplía este mundo con nuevas culturas humanas, se reduce la capacidad de sorprender al espectador. Las dos últimas entregas, en su conjunto, conforman una especie de réplica, narrada de otra forma, por supuesto, y si bien se señala que la trama de Bardo es interesante, también hay críticas en el sentido contrario, aunque la opinión más generalizada es que lo que rodea a Sanctum sobraba a estas alturas. 

El problema de Bardo es que ya estaba presente parcialmente en la sexta temporada, aunque no supiéramos nada de la Anomalía y de la Piedra, y que los guionistas optaron por ocultar y postergar respuestas para poder sorprender una vez más a los seguidores. En resumen, la trama se ha insertado de manera tardía y las revelaciones sobre su propósito son pocas para encontrarnos a las puertas del décimo episodio. Nos hallamos cerca de una gran guerra, que se alarga y que parece que no llega, con otro condimento que, además, se aleja un poco de lo habitual en la serie: hay otra raza alienígena a la que supuestamente hay que combatir, y eso significa que, a menos que se produzca un giro de ciento ochenta grados, deberíamos ver a otros seres que quizás no encajen con el universo de The 100, que hasta el presente ha sido muy conservadora evitando caer en los típicos elementos sci-fi del cine.

RITMO, PERSONAJES Y WORLDBUILDING


 Se puede decir que uno de los inconvenientes de este año es el hecho de que a la serie le quedan muchas cosas por explicar pero pocos capítulos para poder hacerlo, y que lo propio habría sido pensar en una octava temporada para resolverlo todo con más tranquilidad, porque el ritmo es también importante y en esta temporada es bastante desigual. Ha habido capítulos necesarios, pero otros han sido de relleno. La década de confinamiento de Octavia, Diyoza y Hope en Skyring podría haberse repartido mejor entre estas dos últimas temporadas y una pequeña revelación habría aportado novedad y color a un Sanctum vistoso pero ciertamente insípido, lo que habría permitido desarrollar con más profundidad la ideología de Bardo y convertirla en el axioma de la séptima temporada. El  7X03, False Gods, se antoja demasiado funcional aunque deja que sobresalgan Richard Harmon, Lindsey Morgan y Luisa D'Oliveira en sus respectivos papeles. Además, se supone que nos queda al menos de visitar otro planeta, Etherea, el mundo de las grandes cordilleras, e incluso puede que regresemos de nuevo a la Tierra. De nuevo, demasiados escenarios para siete capítulos restantes y también demasiados personajes con arcos narrativos que hay que ir cerrando. 

Las prisas no son buenas y el ritmo lento de algunos episodios contrasta con aceleraciones en otros, lo que resiente igualmente las storylines de los protagonistas. Algunos de ellos parecen haberse quedado sin tramas ni desarrollo, a pesar de haberlo experimentado con creces durante toda la serie, como sucede con Raven y Murphy. El clímax de Raven Reyes aconteció con la derrota de ALIE en la tercera temporada y desde entonces el personaje ha ido perdiendo relevancia, lo mismo que Murphy, que apenas ha destacado algo con la tapadera de los Primes. En la sexta entrega del año pasado Murphy y Emori fueron de gran ayuda para Clarke ya que su interpretación de Primes les dio tiempo para frenar el caos que se estaba desatando en Sanctum. El hijo de un ladrón y una ladrona rechazada por su familia han pasado de supervivientes a embajadores de una sociedad teocrática pero ¿qué han hecho además de arreglar el reactor, espiar y fingir? Desde luego, no mucho, y cuesta creer que dos tipos egoístas y más pendientes de sí mismos que de lo que haga el resto empiecen de repente a preocuparse por los demás. John trata de impedir que los fieles inmolen a más niños en nombre de Russell Prime y Emori de reconciliar devociones y familias, pero ninguno tiene éxito, porque nunca han estado preparados para dicha tarea, y cuando Indra requiere su atención por problemas más acuciantes siempre encontramos al rey emborrachándose en la taberna. Si hay un sitio que Murphy frecuenta más que su alcoba, es la barra del bar. El liderazgo de ambos ha sido puesto en entredicho por Russheda, así que ya veremos cómo se las arreglan sin Raven ni Clarke, y con los convictos intrigando contra ellos.    


Clarke, Bellamy, Raven y Jordan son otros ejemplos de personajes que se están echando a perder y cuyo protagonismo decae incluso en favor de Murphy y Emori, que ocupan el doble de pantalla. En el caso de Clarke, la opinión censura la decisión de haberla alejado de los primeros planos, siendo ahora la sombra de lo que una vez fue. En lo personal, para mí Clarke fue un personaje clave en las tres primeras temporadas, pero ahora ya no le veo nada. Es el ejemplo de un personaje excesivamente definido de principio a fin, cuyo destino está cantado desde el primer día y, frente a otros, ha sido uno de los que menos ha cambiado. No sabemos por qué, pero poco le ha durado el luto por su madre muerta. Pasan los días y ni ella ni nadie se preguntan qué ha sido de los desaparecidos que fueron al campamento de Gabriel. No está haciendo lo que debería hacer, que es gobernar Sanctum, un enclave que además ha dejado prácticamente desprotegido y que quizás no siga en pie a su regreso. Clarke tendría que haber madurado más como líder con esa larga ristra de errores y decisiones equivocadas a sus espaldas, pero sigue siendo ingenua en bastantes aspectos. 

Raven prácticamente no tiene nada que decir desde que aterrizaron en Alpha y no estoy de acuerdo con quienes piensan que tiene historia propia. El reactor fue una excusa para teñir sus manos de sangre y el descubrimiento del funcionamiento del sistema de puentes le ha acercado a Jordan, pero no hay visos de que entre ellos dos surja algo más que un interés científico o una amistad. Y, sinceramente, Jordan habría aportado más habiéndose posicionado con Russell y habiéndose quedado en Sanctum, porque despertaba simpatías entre los creyentes y podría haberse convertido en un antagonista más creíble que los convictos de la Eligius, cuya líder, Nikki "bang bang", solamente está actuando por venganza. Jordan es un personaje al que le falta desarrollar identidad propia, buscar su rincón en el mundo, y parece que los guionistas han perdido de vista esos detalles.

Bellamy sigue desaparecido. Cada vez se antoja más improbable que le recordemos  por algo más que por su ausencia, y hay que reconocer que el descanso que quería tomarse Bob Morley a expensas de sus fans le ha salido caro a The CW, porque inicialmente estaba previsto que fuera un personaje clave en la búsqueda de su hermana Octavia. Todos le consideran muerto y no sabemos si hay esperanzas todavía de recuperarle o no, pero lo cierto es que su storyline ha quedado totalmente ensombrecida. En caso de que sospecharan que aún está vivo, todavía les quedaría explicarnos lo que le sucedió después de que le secuestraran, y cómo se escapó, lo que significaría otro capítulo dedicado expresamente a eso en una temporada salpicada constantemente con adelantos, retrocesos y flashbacks.  No alcanzo a comprender qué problema había con haber dispuesto los episodios 7x02 y 7x05 de forma consecutiva para narrar lineal y cronológicamente la historia de Octavia y las "hespérides", al igual que 7x07 y 7x09, ya que últimamente tratan de sorprender en los minutos finales, como con la desaparición de Hope en Anaconda, sólo para volver otra vez atrás a explicarnos por qué. Parece una estrategia implementada con el fin de enganchar a la audiencia al ser conscientes de que no hay grandes dosis de misterio, acción o giros dramáticos previstos. Y es que la estructura narrativa tan típica de The 100, ésa en forma de "montaña", la que hacía que todos los planes de los protagonistas fracasaran para aumentar el conflicto y la incertidumbre,  no brilla tanto en su despedida.  


Se han sustituido elementos característicos en un intento por buscar nuevas fórmulas efectivas de contar la historia, fórmulas que generan a veces rechazo, duda o confusión, y eso incluye también prestar atención a personajes secundarios como Echo o Diyoza que todavía no han experimentado un clímax narrativo. Los principales se han dejado más de lado, sobre todo Clarke, Bellamy y Raven, quizás porque son personajes que ya han tenido un desarrollo más profundo de partida y no hay mucha más que añadir. Otros, como Octavia, todavía tienen bastante que decir, porque en su caso el camino de redención aún no ha terminado y, si hay algo que todos tenemos claro, es que esta es la temporada de Octavia, Echo, Diyoza, Gabriel y Hope.  Es innegable que Clarke Griffin fue la que sin duda llevó la voz cantante en la temporada 6, en detrimento de otros personajes, como Echo, Jordan  o Raven, que pasaron radicalmente a un no ya segundo, sino tercer plano. En estos últimos nueve episodios se ha invertido proporcionalmente la tendencia y son precisamente algunos como la espía de Azgeda los que han visto engrosadas sus storylines aunque, eso sí, de forma ya tardía y, al menos en eso, hay que darles la razón a los críticos: algunos detalles como el flashback de Echo y Bellamy en El Arca han estado un poco fuera de contexto y quizás debieron insertarlos en su temporada correspondiente, en este caso, la quinta, porque en ocasiones esa obsesión por los flashbacks llega a lastrar el ritmo de los sucesos y a ocupar minutos que se habrían invertido más eficazmente en las situaciones presentes, las que tocan ahora, enriqueciendo el universo de Bardo, Nakara, Skyring y esos otros planetas que tantas ganas tenemos de visitar.

Con la inminente adición de nuevos planetas de cara al final el público quizás esperaba un worldbuilding más original, impactante, denso y constructivo por parte de The CW, algo que no ha sido así, porque los escenarios que concentran las tramas siguen siendo básicamente dos, Sanctum y Bardo. Skyring ya cumplió su función cuando se desveló lo sucedido a Octavia y Diyoza durante su exilio, al igual que Nakara, que fue concebido como una aventura de tránsito para la expedición de búsqueda liderada por Clarke. El problema que conlleva esto es que se percibe falta de intensidad, incluso de realismo. Da la sensación de que hay un desarrollo incompleto y que la solución habría sido añadir una temporada más, porque el worldbuiding no lo pedía, es que realmente lo necesitaba. Sin embargo, entre convertir la séptima temporada en un  Stargate o en un reboot del Monte Weather, los guionistas han optado por la solución que más éxito les ha otorgado. 

Una de las carencias que observo en esta séptima temporada es precisamente eso, un worldbuilding más extenso que promueva interacciones complejas entre los protagonistas y su entorno, fomentando ese retorno a las "decisiones imposibles". Sin embargo, el hecho de que la serie exhiba tantos personajes hace inviable centrarse en todos con idéntico énfasis y que exista un delicado equilibrio entre la importancia del entorno y las relaciones entre ellos. Frente a esto la solución ha sido dejar en "punto muerto" a varios de los que ya han tenido un protagonismo sostenido y conceder a otros una oportunidad para sobresalir cuando no lo habían hecho. Octavia, por ejemplo, era un personaje mucho más secundario en la primera temporada de lo que lo fue -y es- posteriormente, y el hecho de que en algunas temporadas pasara a ser el epicentro del argumento hizo posible su evolución. Quizás a algunos les choque esa relación tan íntima con Levitt, un bardense al que ha conocido desde hace poco y que ha pasado más de una semana estudiando sus recuerdos, pero es un hecho coherente teniendo en cuenta que ella no ha experimentado el afecto hacia otra persona en mucho tiempo, y que es un sentimiento que ha renacido en ella  gracias a sus años en Penitencia. En ese sentido, The 100 sigue mostrando cohesión en esas relaciones, y cada nueva situación es otra oportunidad para ver otras facetas de un mismo personaje. Con Echo está ocurriendo actualmente lo mismo: se trata de un personaje ambiguo, sin lealtades fijas, que del mismo modo que estuvo luchando al lado de Bellamy y Clarke unas veces, otras estuvo en el bando contrario, con un carácter frívolo, estratégico y calculador más propio de una villana que de una heroína. Puede que Echo nos guste más o nos guste menos, pero el personaje de Tasya Teles, con sus particularidades psicológicas, es el que está añadiendo un toque impredecible a la serie. 

CONCLUSIÓN


Para concluir, se puede decir que The 100 sí ha perdido algo de esencia. Seguimos teniendo encuentros con civilizaciones potencialmente hostiles, y probablemente veremos alguna lucha o conflicto más directo en los próximos episodios, pero las "decisiones imposibles" y los dilemas éticos ya no están tan presentes como al principio; en su lugar ha rebrotado con más ímpetu el componente sci-fi. Con esto no quiero decir que la séptima temporada sea mala. No lo es en absoluto. A lo que nos referimos es a que podría haber estado mejor contada o mejor argumentada, sin ese abuso del factor espacio-tiempo y de los retrocesos, y haberse articulado en tres temporadas en lugar de en dos, pero en su conjunto se trata de una serie muy cambiante y, al menos, eso sí permanece inalterable.   

Puntuación de la temporada 7 hasta el ep. 09: 9/10


***
Philosophic Dragon