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viernes, 18 de septiembre de 2020

REVIEW DE 7X14 ("A SORT OF HOMECOMING", THE 100): UNA AGRIDULCE GOTA DE NOSTALGIA

Tras haber puesto rumbo al portal sin apenas echar la vista atrás para ver por última vez el cuerpo sin vida de Bellamy, Clarke aparece en un lugar que le resulta ligeramente familiar: el búnker de Pólis. Han regresado a la Tierra, y "A Sort of Homecoming", "Una especie de regreso a casa" es el nombre que por título lleva este episodio 14, dirigido por Jessica Harmon, la hermana de Richard Harmon (Murphy), que es quien interpreta a Nyilah. 

"A Sort of Homecoming" surge como una agridulce gota de nostalgia, una última oportunidad para que nuestros héroes hagan las paces con los aterradores fantasmas de su pasado. Pero no todos podrán deleitarse admirando la belleza de la reverdecida y salvaje capital de los terrestres. Bellamy Blake ya no está en este mundo, y de eso enseguida se cercioran Octavia, Miller y compañía, poco después de su reencuentro con Gaia, que les explica que, al cerrarse el puente, éste te reenvía al planeta al que pertenece tu ADN por defecto. 

Clarke, para sorpresa de muchos seguidores, no oculta ni el qué ni el quién de la catástrofe: tuvo que decidir entre Bellamy o Madi, y Echo y Octavia, lejos de reprocharla como habitualmente, la abrazan, una reacción que parece imposible de concebir en dos personajes tan belicosos como ellas dos. Sin embargo, aquí los guionistas echan mano de la "conveniencia" para poder dar paso a una rápida conclusión de las tramas de los protagonistas, un comodín del que no tienen ya reparo en abusar. Y es que, si bien lo lógico es que Octavia y Echo se hubieran enfadado con Clarke por lo de Bellamy, y esto hubiera abierto una nueva brecha en su amistad, complicando aún más la temporada final, ya no hay más episodios para detenerse en venganzas. Es momento de reunirse, recordar y reflexionar. "A Sort of Homecoming" cumple la misma función que en Game of Thrones el capítulo anterior a la batalla contra el ejército de caminantes blancos. Y todos lo saben. Todos allí abajo son conscientes de que esto no ha terminado, porque los Discípulos poseen el libro de bocetos de Madi, por lo que, tarde o temprano, vendrán a por ella. Esta situación de frustración e impotencia exaspera a Clarke, y es lo único que explica por qué rompe el casco con el que podrían encontrar la Piedra que les permita regresar a Sanctum, ya que su actitud está fuera de contexto. Clarke ha pasado de ser una líder que decide  con mano a firme a convertirse en un personaje dubitativo y errático, que por momentos parece erigirse en la verdadera antagonista de la serie. Es como si, de alguna forma, en algunos puntos, los guionistas hubieran perdido los papeles: primero Clarke les insta duramente a permanecer allí, ya que es su hogar ancestral porque, en el fondo, son todos los que están y están todos los que son, para poco después, cuando su discusión con Madi le aclara las cosas, cambiar de idea incitándoles a regresar a por refuerzos antes de que se presenten los Discípulos. 

Las actitudes de Murphy y Madi concuerdan mucho más con las circunstancias. Murphy, como dirigente de Sanctum, junto con Emori, no puede quedarse de brazos cruzados mientras su gente, su pueblo, corre peligro en un planeta hostil sabiendo, como sabe, que ahora la Tierra es nuevamente habitable. Madi, por su parte, rechaza la excesiva sobreprotección de Clarke ya que, contrariamente a ciertas opiniones que consideran que actúa de un modo demasiado infantil, ella responde del mismo modo en que lo haría cualquier adolescente. No es una adulta, pero tampoco una niña, y desea emprender su camino a la madurez aprendiendo a tomar sus propias decisiones, algo que incomoda a Clarke, puesto que, como madre adoptiva, se ve reflejada en ella, en su rebeldía, sintiendo la necesidad de intervenir para que no le ocurra ningún mal. 

En este episodio, el regreso a casa supone para Clarke y sus amigos un punto de inflexión, una mirada de madurez a los errores que cometieron cuando no eran más que un puñado de adolescentes rebeldes. Discutir con Madi es como luchar contra su derecho natural a la libertad de decidir, un sentimiento que los cien abrazaron cuando, nada más aterrizar en aquellos remotos y radiactivos lares, clamaron al unísono de Bellamy y Murphy que se desprenderían de sus antiguas pulseras inteligentes.

Aquí y ahora es donde nuestros personajes demuestran cómo han crecido y han cambiado respecto a temporadas pasadas. El vívido reflejo de esa evolución es Octavia, quien se muestra reticente a asomarse de nuevo al pozo que ella misma transformó en un anfiteatro romano, desde donde se proclamó Blodreina y supervisaba las luchas entre los desertores de su imperio subterráneo. Es gracias al apoyo de Indra que finalmente vuelve a abrocharse sus viejas prendas y supera ese viejo trauma. Ella no fue la única responsable de lo que allí aconteció. Su mentora Indra también respaldó todas sus decisiones y se instituyó en su brazo derecho junto con Cooper,  de ahí que comparta su culpa. Esa conversación entre ambas era más que necesaria, porque a pesar de que se vieron hace unos días, para Octavia han transcurrido diez años, una década que comparativamente la ha convertido en la mayor de los hermanos Blake. La muerte de Bellamy  por parte de Clarke es tan inexcusable como inexplicable dicho giro de guión, pero sí es útil -léase "conveniente"-para la trama, ya que Bellamy existía debido a Octavia, y ella gracias a él, pero una vez que ésta ha comprendido todo lo que hizo por ella -incomprensión que estaba siempre en el origen de sus disputas-, su hermano mayor pierde el rol que se le había adjudicado en las primeras temporadas. Octavia ya no necesita un hermano mayor que vele por ella y al menos eso, desde el punto de vista narrativo, sí que justificaría su pérdida. 

La segunda mitad del episodio desemboca gradualmente en la acción tras la irrupción de incógnito de Sheidheda, que recorre invisible los pasillos del búnker para dar con Madi, a cambio de que Cadogan y los suyos se abstengan de intervenir Sanctum. Indra y Gaia tratan de detenerle sin éxito, y The 100 se cobra otra nueva vida, la de Gabriel, que cae intentando proteger a la niña. Si bien cualquiera pensaría que The 100 se ha propuesto asesinar a todos los personajes masculinos del casting, el recorrido de Gabriel está completo. Tras haber ayudado a derrocar a la aristocracia Prime de la que él una vez formó parte, haber resuelto parcialmente el misterio de la Anomalía y haberse adentrado en Bardo para ayudar a Octavia, Diyoza, Echo y Hope, lo que más anhelaba el anciano investigador centenario era la muerte, una muerte que le ha llegado de manera repentina, sin previo aviso, pero que se ha producido en el momento oportuno, cuando había hecho las paces consigo mismo y con  sus recuerdos de Josephine. Una muerte digna que, además, tiene lugar mientras está rodeado de sus nuevos amigos, un privilegio que muy raras veces concede Los 100

La caída de Gabriel provoca que Madi se arme de determinación, siguiendo el ejemplo de Clarke en otras ocasiones, pero ni siquiera a Cadogan le basta con eso, pues está decidido a acabar con sus vidas en detrimento de su filosofía pan-salvacionista, hecho que devuelve a Los 100 a la dicotomía blanco-negro/buenos-malos y que desgraciadamente hace que Bellamy quede como un verdadero traidor al haber elegido al bando enemigo. Y es que Cadogan pierde credibilidad como villano supremo de esta última temporada cuando "transciende" del gris al negro ("out of the blue, into the black") traicionando los principios de los que alardea, una bajeza moral que sólo hay que situar un poco por encima de las ansias de poder de Sheidheda, un zorro que está a punto de ser engañado por un lince. 

A pesar de los fallos e incongruencias típicos de un guión al que le corre prisa concluir, hay que decir que "A Sort of Homecoming" es un capítulo emotivo que ya se venía echando en falta. Los personajes tenían que reunirse para anticiparse a la batalla final y lo han hecho de la mejor forma posible. No se ha tratado sólo de un reencuentro entre amigos, sino de un vis á vis con el pasado pero  con la mirada clavada en el horizonte. El objetivo es luchar por su futuro, el futuro que ellos quieren, algo que va más allá de cualquier creencia en la trascendencia, en falsos dioses y en falsos profetas.   


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Philosophic Dragon 


 

sábado, 8 de agosto de 2020

REVIEW DE 7X10 (THE 100): A LITTLE SACRIFICE


En A Little Sacrifice la historia de nuestros héroes vuelve a avanzar, pues la acción en The 100 se había detenido literalmente en The Queen's Gambit, con la irrupción inesperada de las Hespérides al servicio de los Discípulos... o eso creíamos, porque The Flock explicó cómo se organizó el entrenamiento de las guerreras retiradas, algo que, increíblemente, no incluyó un lavado de cerebro. Y es que las sorpresas, por pequeñas que sean, siempre afloran por doquier en The 100. A Little Sacrifice, como su propio nombre indica, ya invitaba a pensar en giros y muertes. No es oro todo lo que reluce y las imágenes previas no eran lo que parecían, porque no todo se dirime en la sala de la Piedra. Ha sido un buen capítulo por muchas razones, y una de ellas es por las pequeñas revelaciones que han salpicado el encuentro entre dos equipos que hasta ahora no se habían visto las caras en mucho tiempo, el grupo de Clarke y el de Octavia, un reencuentro más que necesario para ir uniendo tramas en vísperas del gran final y que -¡por qué no! todo hay que decirlo- se echaba ya de menos.

Una de las que no se han hecho esperar y que ha disipado inmediatamente nuestras dudas es la de la ficción de Echo. Sabíamos que tenía planes, pero no a quién le sería leal, y es ahora cuando comprendemos la importancia de ese recuerdo que meses antes le asaltaba la cabeza, aquella conversación con Bellamy sobre fortalezas y debilidades en la que él concluía que su punto débil era la lealtad, ya que en ocasiones la obligaba a actuar de modo impropio. Esa reflexión ha allanado su camino hacia la venganza, una revancha que quiere tomarse sin perjudicar a quienes están a su alrededor, a los que ella considera su familia, y hay que decir que este paso ha acortado toda una trama que podría haber requerido un episodio completo para ser relatada, ya que nuestra imaginación concebía a Echo como una traidora  y no costaba demasiado dilucidar que utilizaría la relación secreta entre Octavia y Levitt como arma para ascender entre los Discípulos y castigar a sus compañeras. Pero, por otro lado, tampoco parecía lógico que Echo se decidiese a apoyar la causa de quienes han asesinado a la persona que más amaba. De nuevo, la serie sigue demostrando su capacidad para sorprender al espectador. 

Otro giro inesperado ha sido el relativo a la "gran guerra" para la que se preparan el Pastor y su séquito. Era un acontecimiento futuro inevitable del que nadie albergaba dudas y que guardaba estrecha relación con la narración aportada por Bekah, aunque ella nunca mencionó nada de un conflicto en su visión, sino tan sólo de una especie de juicio o prueba final, que es la conclusión a la que ha llegado Jordan tras examinar los símbolos de la Piedra y percatarse de una posible mala transcripción (¿intencionada?) de los mismos. Así las cosas, quizás no sea una nueva guerra lo que les espera a la vuelta de la esquina a nuestros protagonistas. Desde luego, el antecedente más próximo de un escenario bélico lo constituye el ejército reclutado por Sheidheda en Sanctum, que reúne a la mayoría de partidarios de Sangedakru.

Y, por supuesto, no se puede obviar en esta ocasión el vigor reflexivo de los diálogos entre algunos personajes, como Cadogan y Gabriel, que rallan en lo kantiano. El uno es un anciano centenario que ha sobrevivido gracias al criosueño mientras que su interlocutor es un líder rebelde de más de doscientos años habitando un cuerpo juvenil. Estamos ante un debate entre dos sabios. El Pastor cree que merece la pena luchar para acabar con todas las pulsiones que caracterizan a la especie humana y que han sido caldo de cultivo de numerosas tragedias en el pasado, como guerras y genocidios. Desde su perspectiva, el individuo es egoísta por naturaleza y sólo persigue satisfacer sus propios deseos, sin importarle el bienestar del resto de la sociedad en la que se integra. Es ateo pero cree en la trascendencia espiritual del ser humano, que sin lugar a dudas le llevará un paso más lejos en su camino por alcanzar esa perfección cuasi divina que él niega venerar como a una deidad. Al contrario que Gabriel, que nació en el seno de una humilde familia colombiana en la época anterior al cataclismo, él pertenecía a las élites que decidían el destino de la humanidad y antepuso sus caprichosas ambiciones a su propia familia. Sin embargo, la postura de Gabriel difiere: si no hay amor ni sentimientos, tampoco habrá nada por lo que continuar luchando, pues el individuo pugna siempre por el anhelo de su propia felicidad. El ser humano es una criatura racional cuyos afectos y emociones le son inherentes y eliminarlos también supone condenar a toda la especie a una vida absurda y carente de significado.



Para Cadogan importa más el futuro que el simple aquí y ahora. Lo más gracioso de esta conversación es que él cree ser un elegido sin dios ni ninguna pretensión, lo que le convierte en un alma pater pura, pero, como seguramente Gabriel intuyó, no existe nadie en este universo que no tenga motivos personales que justifiquen sus acciones. Para Cadogan la humanidad siempre tropezará dos veces con la misma piedra y la mejor solución es apartar la piedra, mientras que para Gabriel la piedra, ese obstáculo en el camino, es la llave de la superación de los errores humanos. En resumen, la iniciativa de Cadogan es tan egoísta como el resto de las motivaciones humanas en constante colisión en The 100. Siempre hay intereses en juego, y cuanto más  y mejor conocemos Bardo más nos percatamos de que ocultan más de lo que revelan... ¿quién dice que el lenguaje de los antiguos bardanos no lo pueden haber transcrito erróneamente a propósito para justificar esa creencia en su propia guerra y librarla a toda costa? Situaciones como estas son las que más echábamos en falta en la serie, porque nos retrotraen a esos escenarios imposibles en los que los personajes se han visto obligados a resolver el dilema de anteponer las decisiones individuales a las colectivas o el bienestar colectivo frente al individual. 

La conversación entre ambas mentes se enquista en el corazón de la serie y el desenlace podría tener que ver con mucho de lo que entre ellos se discute, pero no es lo único que nos recuerda la quintaesencia de la misma. El plan de Echo para salvar a sus aliados promueve una tensa secuencia final  en la que están en juego tanto sus vidas como las de los inocentes de Bardo y que nuevamente mancha de sangre sus manos. La espía de Azgedakru se hace con el letal líquido cristalizante y se dispone a verterlo por los conductos de ventilación. La intervención de Clarke está justificada por el hecho de que, tanto ella, como Echo y Octavia, han perdido a un hermano, amigo y amante. Clarke ya cometió genocidio una vez y trata de evitar que Echo tenga que cargar con ese peso de conciencia durante el resto de su vida, pero Anders aparece repentinamente y Hope, con idénticas ansias de venganza, le degüella, provocando que se escape una minúscula gota de Gem9 que, de no acabar en la palma de la mano de Diyoza, les habría aniquilado al instante. Entonces la sustancia hace su cruel magia y toda la estancia se cristaliza, incluida la propia Diyoza, que se transforma en una perenne escultura diamantina. Una vez más, la venganza es una arma de doble filo que amenaza con clavarse hondo tanto en el alma de quien la busca como en el de quien la encuentra y Hope, al igual que Echo,  ha sido partícipe de este trágico desenlace. No se puede negar que esto conllevará una serie de consecuencias para ambas. Por lo menos, frenará en seco a Hope y le servirá de reflexión a Echo, que ya arrastra tras de sí una larga lista de cadáveres. Hasta ahora ha sido ella la que ha llevado la voz cantante, mientras que el resto de personajes se han limitado a apoyarla, pero esto podría cambiar de ahora en adelante. 



En lo que respecta a Sanctum, ya hemos mencionado que Russheda se ha hecho con un ejército. El Comandante Oscuro piensa con tres jugadas de antelación y aunque en un primer momento fue la solución a uno de los principales problemas de Emori y Murphy, que era el auge de la ira de los engañados devotos, ahora él mismo se ha convertido en otra amenaza aún más complicada de erradicar. A fin de cuentas, algunos fieles creyeron que la farsa de las "cucarachas" era verdad y lo restante una argucia para protegerles. Ahora son dos reyes sin súbditos atrapados en el sótano del reactor, con las esperanzas puestas en Madi y en Indra que,  tras un tradicional y fallido duelo a espadas, han preferido por el momento hincar la rodilla. Todo hace prever que esa estrategia les conceda tiempo para hallar el modo de detenerle. Sin embargo, sus opciones son limitadas, y tal vez, más que una planificar un asalto al palacio, lo conveniente sea pensar en cómo salir ilesos porque, seamos realistas, aunque no hayan entrado en escena ni Nikki, ni Nelson y ni los Hijos de Gabriel, siguen estando ahí, y sólo caben dos posibilidades: una es entablar una alianza con ellos contra Sheidheda, y la otra huir si deciden voluntariamente sumarse a las tropas enemigas. 



Para ir cerrando, concluyo que A Little Sacrifice ha sido un episodio a la antigua usanza, con la desventaja de que algunas tramas se podían anticipar desde hace varias semanas, especialmente lo concerniente a Sanctum, pero aún así bastante interesante de ver. Ha habido acción, diálogos éticos, algunas luchas, una muerte -la de Diyoza era en realidad la crónica de una muerte anunciada- e incluso una traición, la de Octavia a Levitt, que en el fondo ha sido conveniente puesto que le ha permitido ser cómplice y al mismo tiempo no ser descubierto por el resto de los Discípulos, lo que no impide que ella regrese a por él en otro momento.  


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Philosophic Dragon



viernes, 22 de mayo de 2020

CRÍTICA Y REVIEW DEL EP. 7X01 (THE 100): "FROM THE ASHES"



CRÍTICA GENERAL DEL EPISODIO

Este miércoles The CW estrenó el ansiado y esperado primer capítulo de la séptima y última entrega de The 100. En España hemos tenido que esperar alrededor de un día para visionarlo con sus correspondientes subtítulos, pero finalmente lo hemos visualizado y el resultado no podría ser menos de un sobresaliente. A lo largo de la década hemos asistido a seis pilotos de temporada y seis finales, y aunque el de la S1 siempre será icónico, inolvidable y probablemente el mejor, siguiéndole el de la magnífica S2, el de la S7 no se queda a la zaga: una combinación perfecta de sentimientos, tensión, conflicto y misterio a ritmo desenfrenado y constante. En otras palabras, un comienzo del fin al que el calificativo de prometedor le calza pequeño. 

Tras una S6 más pausada y previsible, que nos recordaba un poco al Monte Weather con la omnipresencia de los Primes (los Primeros) y sus inmorales mecanismos para prolongar la vida indefinidamente, la S7 se presenta controvertida pero muy en la línea de las primeras temporadas, con la diferencia de que el cliffhanger de la pasada entrega ha provocado que no haya un lapsus temporal entre ambas y que la acción nos devuelva a la última escena del 6x13. La diferencia fundamental entre el inicio de esta temporada respecto a las anteriores radica en el final de la S6 que, muy al contrario de la costumbre habitual, no tenía visos en absoluto de poder constituir un final de serie, es decir, que el equipo de rodaje y dirección de The 100 ya tenía muy claro que la serie no se cancelaría el año pasado, sino que habría una continuación y que ésa sería la última temporada. En cambio, los finales de la S2, la S3 y la S5 pudieron haber puesto perfectamente punto y final a las aventuras de Clarke, Bellamy y Octavia. 

Es imposible decir que la serie ha perdido interés. En el mejor de los casos, lo ha incrementado, porque el capítulo plantea diversos hechos carentes de explicación racional que seguramente se irán entretejiendo a medida que se acerca el desenlace.  

En este episodio aparecen la mayoría de los protagonistas y el metraje se reparte entre todos ellos, aunque con un decidido protagonismo de Clarke, que representa el mando único de Sanctum. Se echa de menos, eso sí, a Bellamy y a Octavia, de los que probablemente tardemos un poco en tener noticias, ya que aproximadamente la mitad de la trama gira en torno a ellos.  

HOPE Y LOS ENIGMAS DE LA ANOMALÍA



La acción se desarrolla, como en la anterior, con el equipo de nuestros héroes repartido en diferentes localizaciones, volcado en la resolución de problemas dispares. Por una parte, Bellamy, Echo y Gabriel en el campamento y, por otra, Clarke, Madi, Raven, Murphy, Emori, Jackson, Miller, Jordan y los demás en Sanctum. 

Bellamy busca desesperadamente a Octavia en el bosque entre sangre y lágrimas, mientras Gabriel investiga los símbolos de la recién aparecida Hope, que se había desmayado tras apuñalar a la más joven de los Blake, poco antes de que se esfumara en una nube verde. Sin embargo, Hope despierta en plena amnesia, reaccionando agresivamente a las preguntas de Echo y Gabriel, que acaban de percatarse de que a Bellamy lo han secuestrado unos individuos con trajes de invisibilidad que conducen a los jóvenes a una frenética persecución por todo el bosque de Sanctum. Hope no recuerda quién es su madre ni quién Octavia, ni por qué ni quién puso en su mano una nota diciendo "confía en Bellamy". Lo único que han podido averiguar Echo y Gabriel es que ambos no constituyen el objetivo de sus nuevos enemigos, pues no pretenden matarlos, sino trasladarlos al planeta Bardo. En cambio, sabemos que sí tienen órdenes de matar a Hope. Así, en esas circunstancia, los tres, de la mano, se embarcan en un viaje a través de la Anomalía, con la esperanza de hallar a Bellamy y a Octavia al otro lado, y de responder todas las preguntas que siguen formulándose incansablemente en sus mentes. 

SANCTUM: EL IMPERIO DE LA VERDAD RENACE DE LAS CENIZAS DE LOS FALSOS DIOSES 



Al mismo tiempo, Clarke enseña a Madi la nueva casa en la que van a vivir a partir de ahora, acompañadas por Indra y Raven, pasando más tarde a ocuparse de los problemas existentes entre las facciones que ahora hay en Sanctum, que son cuatro: los prisioneros de la Eligius, los supervivientes de Wonkru, los antiguos devotos de los Primes y los Hijos de Gabriel.

La mayor parte de la trama transcurre en Sanctum, que ahora es, como sugiere Raven, un polvorín, un nuevo mundo -lleno de minas- en el que se repiten los problemas que Clarke y los suyos quisieron dejar atrás cuando abandonaron la Tierra. Nos situamos en las postrimerías del combate entre la mentira y la verdad desencadenado en el 6x13, en el que la verdad se impuso a la fe, la injusticia y la inmoralidad. Sin embargo, es una victoria relativa, porque a veces la mentira es necesaria para evitar un daño mucho mayor, y a ella recurre Clarke para ahorrarse añadir más problemas a los que ya de por sí tiene, mintiendo a Madi, que es ajena a lo que sucedió cuando le desactivaron a Sheidheda, esto es, a que la Llama ha sido destruida y, con ella, todo el sistema religioso de los terrestres. Es un secreto que, si llegase a revelarse, constituiría una bomba de relojería y la dejaría sin apoyos, con los partidarios de Russell al borde de una nueva conspiración de venganza, porque incluso el último de los Primeros, aun recluido, le tiende la mano a Jordan, quien no le aprueba pero tampoco defiende. 

El nuevo imperio, levantado sobre las cenizas del anterior, se termina sustentando, una vez más, en la mentira porque, seamos realistas, la paz, o el armisticio entre los diversos bandos se ha conseguido gracias en parte al co-liderazgo ejercido por Murphy y Emori, quienes, debemos recordar, se aliaron con Russell al final de la S6 para poder ayudar a manejar a los feligreses de Sanctum, quienes creían que ellos dos habían resucitado como nuevos Primes y secuaces de aquél.  Eso les dio más tiempo para ejecutar sus planes, amén de las pérdidas habidas y de la culpabilidad que siente Murphy al haber revelado a los Primeros el método para elaborar sangre nocturna y que puso en peligro a Madi y a Abby. Clarke comparte también esa penitencia, ya que fingiendo ser Josie tuvo que decirle a Russell que la malla neuronal de su otro yo había sido completamente neutralizada. Si no lo hubieran hecho así, Clarke aún tendría a su madre a su lado, pero habrían perdido la guerra contra los Primeros. 

Sin embargo, esa guerra está lejos de haber concluido, porque aún hay otras facciones que exigen compensaciones por sus servicios. Los Hijos de Gabriel, que eran desertores de Sanctum y habían firmado un pacto de alianza o, por lo menos, de neutralidad con Clarke, ahora piden sacrificar a Russell, su enemigo, mientras los fieles de éste  pugnan por que se le conceda un trato especial como prisionero de la realeza. En mitad de la confrontación surgen los prisioneros de la Eligius liderados por Hatch (Chad Rook) y su compañera, interpretada por la actriz Alaina Huffman, que sólo quieren asentarse y crear una comunidad pacífica en la que vivir.  

Clarke se niega a ajusticiar en la hoguera como lo hacían antes los Primeros con los que rechazaban su divinidad, pero sucumbe a Russell en la entrevista que ambos mantienen y en la que él le entrega las alhajas de su madre que Simone se quitó cuando pasó a ocupar su cuerpo. Wanheda lo patea y golpea hasta la muerte, provocando un incendio en el palacio y anunciando la muerte del último de los Primes, al tiempo que Russell es invadido por SheidHeda, hecho que no se habría producido si él mismo no hubiera hecho añicos el último chip mental que representaba la elitista cultura genocida que otrora dominaba el planeta Alpha (Sanctum). 

MISTERIOS SIN RESOLVER



Por otro lado, los misterios que permanecen latentes son por qué Madi dibuja recuerdos nunca vividos ahora que ya no posee la Llama, por qué razón la Anomalía, que es un agujero de gusano, provoca alucinaciones que en algunos casos parecen recuerdos, como le ocurre a Hope, que parece recordar haber conocido a Octavia en el pasado,  y por qué Jordan ha tenido visiones de dos anomalías cuando nunca las ha visto, aun estando tan lejos de su campo de influencia. Es posible que todo ello esté conectado y que la Anomalía, al haber sido activada, haya sido la causante. Además, existen otras piedras de Anomalía en otros planetas, como Nakara, lo que apunta  a que la cultura que la creó quizás hubiera mantenido un enfrentamiento con los que habitaban Sanctum muchos años atrás.  Por el momento sabemos que permite viajar a otros planetas, pero la pregunta es ¿en el mismo espacio y en el mismo tiempo?

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Philosophic Dragon